
Siento al mirarte estremecer, cuadrarte en nubes de colores que van del violeta a mi corazón. Vives en un segundo del día, por cada bola de algodón y en el azul de tu eternidad, saturas la mañana. Puedo elevar mis oraciones hacia el rojo anaranjado que existe a través del cielo sombrío. Sabes acariciar mis pupilas, desde lo alto arrullar temores con aspavientos de ternura escondidos. Es entonces cuando, a cuadros, estremeces el alma y bajando la voz te pido ¡sálvame! como sea... sálvame.
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